lunes, 29 de octubre de 2012

IMPORTANCIA DE LA PROTECCION CEREBRAL EN LA HIPOTERMIA PROFUNDA Y PARO CIRCULATORIO EN NEONATOS Y LACTANTES EN EL CUIDADO DE ENFERMERÍA

Luis Miguel Hoyos Vertel[1]
Estudiante Asignatura Administración en Salud
Departamento de Enfermería 
Universidad de Córdoba 

Desde las Épocas de Ningtingale el Cuidado de Enfermería ha tenido un cambio extremo en todos los punto de vista, este se basa en un cuidado humanizado, holístico y e integral, que abarca a la familia al equipo de salud interdisciplinario para garantizar un bienestar, una mejoría en sus patrones de salud, y conllevar a una autorrealización como persona y como ser humano; el paciente pediátrico es sin lugar a dudas una prioridad en enfermería del cuidado critico neonatal y pediátrico.
El Cuidado de Enfermería en  pacientes pediátricos con alteraciones Neurológicas es muy importante desde el punto de vista clínico, el pensamiento crítico es la pieza más importante en el proceso enfermero, puesto que nos ayuda a detectar los problemas de salud reales o potenciales, con lo cual podemos prevenir tempranamente los procesos Fisiopatológicos complejos, disminuyendo las secuelas neurológicas y en los casos más graves la muerte.
La  atención de enfermería debe ser rápida concreta y asertiva en los pacientes con paro cardiorrespitarorio en cualquier unidad Funcional, el personal de enfermeriadebe tener pleno conocimiento sobre la intervención y actuación ante este tipo de situaciones.
La evidencia clínica médica y la literatura enfermera propone algunas soluciones ante estos problemas de salud, para disminuir los casos de fenómenos patológicos sistémicos muy heterogéneos que se muestran como disfunción cerebral, miocárdica y síndrome de reperfusión.

El Personal de Enfermería debe conocer que el paciente pediátrico, especialmente el recién nacido, es muy sensible a la pérdida de calor. En la Valoración de Enfermería evidencia su elevada superficie cutánea en relación a su masa, las pérdidas por evaporación aumentadas al exponerse cubierto de líquido, y su escasa grasa subcutánea contribuyen a ello. Entre los principales efectos de la pérdida de calor en lo cual el personal de enfermería debe estar atento se encuentran el enlentecimiento del metabolismo general, la función mental, la respiración y el gasto cardíaco; y su final puede ser la muerte del paciente.
Los mecanismos compensadores de la hipotermia pueden paliar sus efectos hasta temperaturas de alrededor de 32°C en la que la termorregulación empieza a fallar
Esto puede ocurrir aun antes en el neonato, pues su capacidad de termogénesis mediante escalofríos es muy escasa. La descompensación a menudo letal se produce a partir de los 28°C, temperatura a la que muchos pacientes presentan coma, y progresivamente fibrilación ventricular o asistolia Sin embargo, el propio frío en algunas circunstancias, puede tener un efecto protector y la hipotermia ha tenido entre sus usos terapéuticos el intento de protección neurológica en cirugía cardíaca.

La hipotermia se ha definido como temperatura central inferior a 35°C. En ella se suelen distinguir tres grados: leve, moderada y grave. El cuadro clínico de la hipotermia leve (32-35°C) se suele caracterizar por escalofríos, leve alteración mental con apatía y disartria; la tensión suele mantenerse en límites normales. En el grado moderado (28-32°C) suele aparecer depresión progresiva de la consciencia y disrritmias con bradicardia progresiva; además se pierde la capacidad de termogénesis mediante escalofríos. Si se avanza en este proceso se llega a la hipotermia grave (< 28°C) que incluye coma, arreflexia pupilar e hipotensión grave y progresivamente fibrilación ventricular o asistolia y muerte.[2]

La hipotermia como mecanismo de neuroprotección en pacientes en unidad de cuidados intensivos presenta una enorme controversia. Su aplicación está avalada por numerosos estudios experimentales que han demostrado que la hipotermia favorece la neuroprotección, influyendo en la cascada bioquímica que se produce tras una agresión cerebral traumática, isquémica, hemorrágica o anóxica. Sin embargo, a pesar de los éxitos observados a nivel experimental, el beneficio obtenido al aplicarse a enfermos neurocríticos ha sido desigual.
Diversos estudios en Enfermería en unidad de cuidados intensivos en Estados Unidos han confirmado el éxito de esta terapia en enfermos con anoxia cerebral tras una parada cardiorrespiratoria. Por el contrario, su aplicación en pacientes con traumatismo craneoencefálico es extremadamente controvertida, y no hay datos con suficiente nivel de evidencia que permitan aconsejar su uso en pacientes con un ictus isquémico o una hemorragia cerebral.
A pesar de no haber unanimidad entre los expertos, se acepta considerar hipotermia leve (33-36 ºC), moderada (28-33 ºC), profunda (10-28 ºC) y ultraprofunda (< 5 ºC). Sin embargo, en los estudios sobre neuroprotección en unidad de cuidados intensivos pediatricca ha existido una enorme confusión entre los clínicos al referirse al grado de hipotermia. La mayor parte de los ensayos clínicos se han realizado con temperaturas entre 32 y 34 ºC, y los términos hipotermia leve, hipotermia moderada e hipotermia leve-moderada se han utilizado indistintamente para referirse a este rango de temperatura. [3]
La inducción de hipotermia en el cerebro produce diferentes efectos. Aproximadamente, la reducción de la temperatura en 1 ºC disminuye el metabolismo cerebral en un 6-7%7. Otro de los efectos beneficiosos de la hipotermia es que puede mejorar la relación de aporte y consumo de oxígeno, lo cual es muy beneficioso en áreas cerebrales isquémicas8. Igualmente, la inducción de hipotermia disminuye la presión intracraneal (PIC). Este mecanismo fisiopatológico es aún desconocido, aunque parece ser debido a un descenso en el volumen de sangre intracraneal por vasoconstricción7. Otro de los mecanismos interesantes de la hipotermia en neuroprotección es que tiene capacidad anticomicial. El mecanismo a través del cual la hipotermia favorece la neuroprotección es multifactorial.
Se ha sugerido que esta protección estaría en relación a un enlentecimiento del metabolismo cerebral con disminución en la secreción de neurotransmisores excitadores y la inhibición del acúmulo de productos de la peroxidación lipídica y de la generación de radicales libres. De hecho, se han documentado casos de supervivencia sin secuelas después de tiempos de anoxia en hipotermia excepcionalmente largos. Uno de ellos es el descrito por Bolte en un niño que se recuperó completamente tras 66 minutos de ahogamiento en agua helada. [4]

La intensidad y la gravedad de las manifestaciones clínicas de este síndrome guardan proporción directa con la duración del intervalo y con el tiempo de PC sin recibir RCP. Si la RCE se logra rápidamente tras el comienzo de la PC, el SPP podría no ocurrir. [5]
El desarrollo de estrategias de protección se basa en el conocimiento del personal del enfermería en los mecanismos fisiopatológicos que acontecen el PC.
La Fisiopatología del síndrome post paro cardiaco es dada por el retorno de la circulación en forma espontánea después del paro cardiorrespiratorio produce una compleja cascada de eventos bioquímicos y celulares que se inician en ese momento y afectan sobre todo al cerebro y al corazón. Esto conlleva a una Disfunción cerebral. El cerebro es el órgano más sensible a la hipoxia y consume 20 % del oxígeno del organismo y 15 % del gasto cardíaco, a pesar de suponer sólo 2 % del peso corporal.
Durante una PC cesa o disminuye el flujo sanguíneo y la Presión arterial de Oxígeno (PaO2) declina hasta 0 mmHg. La disminución del oxígeno arterial y la glucosa disponibles disminuye la producción aérobica del adenosintrifosfato (ATP) y aumenta el lactato el cual produce lesión neuronal directa y disminución del Ph. Este entorno acidótico daña la función cerebral, con cada vez menor posibilidad de recuperación mientras más tarde en recuperarse el metabolismo oxidativo. La disminución del ATP proporciona falla de la bomba de la membrana y permite la entrada de iones sodio, calcio y cloro y la salida del potasio. Esto despolariza la célula y activa receptores de kainato, quisqualato y N-methyl-D-aspartato los que a su vez producen apertura de canales de sodio y cloro y liberación de aminoácidos excitatorios (glutamato), los cuales aumentan aún más la entrada de calcio extracelular a la célula y permiten la salida de calcio mitocondrial con el consiguiente aumento del calcio intracelular. Este influjo de electrolitos causa edema celular y además activa enzimas proteolíticas y lipasas que causan daño celular por degradación de enzimas citosólicas y liberación de ácido araquidónico y otros ácidos grasos libres con el consiguiente aumento de la producción de prostaglandinas, radicales libres y dolor. Además la isquemia también aumenta la hipoxantina, convirtiéndola en xantina oxidasa, que contribuye aún más a la producción de radicales libre y daño mitocondrial.[6]
Después de la reperfusión, se produce un daño adicional. Inicialmente hay una hiperemia, con mala distribución regional de unos 15-30 minutos de duración seguida de hipoperfusión multifocal por vasoespasmo, aumento de la presión hística local, congestión capilar por edema del endotelio y perivascular, acumulo de hematíes , leucocitos activados que pueden ocluir vasos sanguíneos los cuales alteran la microcirculación en condiciones de bajo flujo e impiden la restauración de la perfusión en ciertas áreas (fenómeno de "no-reflujo"). También aumentan la producción de radicales libres e inician una cascada de mediadores inflamatorios los cuales potencian la destrucción celular. Los vasos sanguíneos lesionados pueden activar la cascada de la coagulación y favorecen la trombosis y la agregación plaquetaria. La fosforilación oxidativa en la reperfusión aumenta el calcio mitocondrial, lo cual puede destruir la mitocondria y liberar aún más calcio. Existe evidencia limitada que el edema cerebral o la presión intracraneal exacerba el daño cerebral. Este aparece transitoriamente, siendo más común en el PC de causa hipoxica.[7]
Disfunción cardiaca. Al igual que el cerebro el corazón es, susceptible a la isquemia global. La función miocárdica se reduce tras RCE aunque se restaure el flujo (miocardio atontado). Su intensidad está determinada por la intensidad del daño isquémico. La contractilidad sistólica y la relajación diastólica están afectadas, lo que induce la inestabilidad hemodinámica. El corazón, está dañado por la etiología del PCR, así como por algunas intervenciones terapéuticas como la desfibrilación y la administración de epinefrina. Además, el PC induce SRIS con activación de leucocitos y complemento que incrementan los niveles de citokinas, lo que conlleva a un cuadro hemodinámico similar al que se observa en la sepsis. 8
Tratamiento. Revertir las manifestaciones fisiopatológicas de este síndrome con adecuada priorización y ejecución en el momento adecuado es una meta en estos casos e incluye a todos los pacientes desde el que recupere conciencia con estabilidad hemodinámica hasta el que permanece en coma, inestable hemodinámicamente con persistencia de la causa precipitante. Cada acción sobre uno de estos aspectos podría poner en peligro la recuperación de los otros.
Actualmente, según criterios más fisiológicos se propuso cambiar las fases aplicadas para establecer el tratamiento según el tiempo transcurrido.
1. Fase inmediata los primeros 20 minutos de RCE.
2. Fase precoz desde los 20 minutos hasta las 6-12 horas cuando las intervenciones precoces podrían tener mayor efectividad.
3. Fase intermedia desde las 6-12 horas hasta las 72 horas cuando los mecanismos de lesión aun permanecen activos y se debe mantener el tratamiento intensivo.
4. Fase de recuperación a partir de las 72 horas cuando el pronóstico se hace más fiable y los resultados finales son más predecibles.
5. Fase de rehabilitación desde el alta hospitalaria hasta lograr la máxima función
Medidas de Enfermería: Durante la valoración inmediata de enfermería, al ingreso del paciente en la unidad de terapia o  cuidados intensivos o en el departamento de urgencias, se asegurada la vía aérea y conseguida la estabilización inicial, se debe proceder a la valoración inicial de enfermería y establecer priorización y monitorización para poder desarrollar una optimización guiada por objetivos.
El ECG con derivaciones derechas e izquierda es necesario para decidir en la mayor brevedad si se le debe efectuar cateterismo cardiaco urgente e intervencionismo coronario percutáneo (ICP) si lo precisara.[8]
Conjuntamente el personal de enfermería, realiza una exploración física rápida que tomara constantes vitales en ese momento para buscar signos de bajo gasto. Para identificar la gravedad de la disfunción miocárdica post parada se realizará un ecocardiograma.
Se debe valorar periódicamente el estado de conciencia, mediante escala de coma de Glasgow, aspecto importante en el proceso enfermero y en el criterio medico para decidir en esta fase la aplicación de hipotermia (HT). La realización de una tomografía craneal es importante siempre que no interfiera en el tiempo para la revascularización coronaria, en casos de que se sospeche que la causa del PC sea de origen neurológico e interfiera con la aplicación de HT.
Estudios analíticos deben ser realizados que incluyan; urea, glicemia e iones, lactato, hemoglobina, marcadores de lesión miocárdica, estudio de coagulación para corregir causas que puedan complicar y empeorar esta situación. Una radiografía de tórax portátil para confirmación correcta del tubo endotraqueal y que se utilice para control evolutivo.
La monitorización debe incluir ECG continuo, saturación de oxigeno por pulsioximetria (SpO2) continua, presión arterial media (PAM), temperatura central (termometría esofágica,), presión venosa central (PVC) diuresis horaria y saturación venosa central de oxigeno (SvO2). Si fuera factible implementar monitorización hemodinámica avanzada de gasto cardiaco (GC), resistencia vascular sistémica (RVS) y ecocardiograma seriados.
Se ha expresado que la hipotermia disminuye las alteraciones neurológicas secundarias al paro cardíaco, disminuye el metabolismo y el consumo de oxígeno a nivel cerebral, observándose que por cada grado de descenso de la temperatura corporal, disminuye 6 % el consumo de oxígeno cerebral. Además, de observarse que disminuye la actividad eléctrica, así como el número de reacciones químicas relacionadas con el daño de reperfusión y la consecuente disminución en la producción de radicales libres, aminoácidos excitatorios, cambios del calcio los cuales llevan a daño mitocondrial y apoptosis.[9]
La revascularización coronaria se debe establecer inmediatamente si el paciente requiere reperfusión miocárdica en paciente con PC de causa cardiaca isquémica, bien por intervencionismo coronario percutáneo (ICP) o por trombolisis. Existen evidencias científicas que recomiendan el cateterismo urgente en pacientes postparo con síndrome coronario agudo (SCA).[10]
Estrategia ventilatoria: A menudo se requiere de ventilación mecánica y mantener normocapnia y normoxemia, pues la hipocapnia y la hiperventilación pueden producir vasoconstricción cerebral e isquemia que son perjudiciales. Es importante evitar la hipoxia; pero la hiperoxia agrava las lesiones de reperfusión sobre el cerebro pues el exceso de oxigeno hístico deriva hacia la generación de radicales libres de oxigeno tóxicos en la fase de reperfusión. Aunque durante la reanimación se recomienda elevadas concentraciones de oxigeno esta debe ser guiada en la etapa post RCE por Sp O2 94-96 % y PCO2 entre 38 y 42 mm Hg. Kilgannon, Jones, Shapiro, Angelos, Milcarek, Hunter, Parrillo y Trzeciak [11], demostraron en su investigación una relación estrecha entre hiperoxia y mortalidad.
La Glicemia enInvestigaciones recientes no muestran evidencias suficientes para indicar un rango concreto de glicemia. La hiperglicemia y la infusión de glucosa empeoran la recuperación neurológica. Se sugiere que se debe realizar un control moderado de la glicemia cada 4 o 6 horas y mantenerlas en el rango entre 100 mg/100ml y 180 mg/dl -1 (4,4-6,1mmosm/l-1) para evitar hiperglicemias graves e hipoglicemias incluso moderadas.[12]
No hay certeza para delimitar los rangos de frecuencia cardiaca. El objetivo es detectar inmediatamente arritmias y tratarlas. Es necesario la monitorización continua de una o varias derivaciones electro cardiográficas, medida que se utiliza de manera habitual así como la medición de la desviación del segmento ST. No se recomienda antiarrítmicos preventivos y se debe descartar la existencia de alteraciones electrolíticas y si se confirman corregirlas de inmediato. Cuando la causa sea una arritmia primaria es necesario un marcapaso definitivo o un desfibrilador automático implantable.
Las Modalidades experimentales de en Medicina y en  Enfermería están en estudios de experimentación un sin número de sustancias con el fin de impedir o minimizar el daño producido por la cascada de eventos bioquímica y celulares producida por la isquemia-reperfusión. Las más utilizadas son los bloqueadores del calcio, antagonistas del glutamato, barredores de los radicales libres e inhibidores de la apoptosis, pero son necesarios nuevos estudios para su aplicación




[1] Estudiante de Enfermería VII Semestre  Facultad Ciencias de La Salud  Universidad de Córdoba Montería
[2] Danzl DF, Pozos RS. Accidental hypothermia.  N Engl J Med 1994;331:1756-1760.

[3] AACN CCNS —, Neonatal and Pediatric Acute and Critical Care Clinical Nurse Specialists. http://www.aacn.org/wd/publishing/content/advcriticalcare.pcms?menu=Publications&lastmenu=

[4] Bolte RG, Black PG, Bowers RS, Thorne JK, Corneli HM. The use of extracorporeal rewarming in a child submerged for 66 minutes. JAMA 1988;260:377-379.
[5]  Martín-Hernández H, López Messa JB. Manejo del síndrome posparada cardíaca. Med Intensiva 2010, Mar .34,(2):107-126. ISSN 0210-5691.
[6] Schneider A, Böttiger BW, Popp E.Cerebral resuscitation after cardiocirculatory arrest. Anesth & Analg 2009;108(3):971-9.
[7] . Sakabe T, Tateishi A, Miyauchi Y. Intracranial pressure following cardiopulmonary resuscitation. Intensive Care Med 1987;13:256-9.
[8] Abdallah Y, Gkatzoflia A, Pieper H, Zoga E, Walther S, Kasseckert S. et al. Mechanism of cGMP-mediated protection in a cellular model of myocardial reperfusion injury. Cardiovasc Res 2005;66:123-31.
[9] Werling M, Thorén A-B, Axelsson C, Herlitz J. Treatment and outcome in post-resuscitation care after out-of-hospital cardiac arrest when a modern therapeutic approach was introduced. Resuscitation 2007; 73:271-283. Castren M, Silfvast T, Rubertsson S, Niskaen M. Scandinavian Clinical practice guidelines for therapeutic hypothermia and post-resuscitation care after cardiac arrest. Acta Anaesthesiol Scand 2009; 53: 280-288.
[10] Garot P, Lefevre T, Eltchanionoff H. Six_month outcome of emergency percutaneous coronary intervention in resuscitated patients after cardiac arrest complicating ST-elevation myocardial infarction. Circulation 2007; 115: 1354-1362.
[11]  Kilgannon JH, Jones AE, Shapiro NI, Angelos MG, Milcarek B, Hunter K, Parrillo JE, Trzeciak S. Association between arterial hyperoxia following resuscitation from cardiac arrest and in-hospital mortality.; Emergency Medicine Shock Research Network (EMShockNet) Investigators. JAMA 2010; 303(21): 2165-2171.
[12] Losert H, Sterz F, Roine RO, et al. Strict normoglycaemic bloodn glucose levels in the therapeutic management of patients within 12 h after cardiac arrest might not be necessary. Resuscitation 2008; 76:214-20.

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